Ruta de crucero fluvial por Alsacia: nuestro itinerario completo

Después de nuestra primera experiencia de turismo fluvial por Aquitania teníamos claro que queríamos repetir. Esta vez cambiamos completamente de paisaje y nos fuimos a navegar por los canales de Alsacia-Lorena, una ruta muy diferente, con túneles, un ascensor de barcos único en Europa, pueblos con mucho encanto y algunos de los canales más tranquilos por los que hemos navegado.

Ruta de crucero fluvial por Alsacia: nuestro itinerario completo

Durante una semana recorrimos esta ruta en familia, con nuestras dos hijas de 5 y 9 años, durmiendo cada noche en un lugar diferente y combinando la navegación con paseos en bicicleta, parques infantiles, barbacoas a bordo y pequeñas paradas para descubrir los pueblos del camino.

En esta guía te contamos exactamente el itinerario que seguimos nosotros, qué vimos cada día, dónde dormimos, qué lugares nos sorprendieron más y algunos consejos que creemos que te serán útiles si estás pensando en hacer esta misma ruta.

Si es tu primer crucero fluvial, no te preocupes. Aunque antes de viajar nos imponían los túneles y el famoso plano inclinado de Arzviller, la realidad es que acabó siendo una ruta mucho más sencilla de lo que imaginábamos y una experiencia que volveríamos a repetir sin dudarlo.

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Nuestra ruta de crucero fluvial por Alsacia

Antes de entrar en el diario de viaje, esta es la ruta que seguimos durante nuestro crucero fluvial por Alsacia. Se trata de un recorrido de ida y vuelta desde la base de Hesse, perfecto para una semana de navegación tranquila. En el camino pasamos por tres de las grandes obras de ingeniería fluvial de Francia; el plano inclinado de Arzviller, la esclusa de Réchicourt y cruzamos túneles de Niderviller, recorrimos pueblos con mucho encanto como Saverne y Lutzelbourg y disfrutamos de algunos de los paisajes más bonitos del Canal de la Marne al Rin. Es el itinerario que hicimos nosotros, con sus paradas y tiempos reales, para que puedas hacerte una idea de cómo se organiza una semana a bordo.

Día 1. Llegada a Hesse y primera noche a bordo

Nuestro viaje comenzó con un vuelo muy temprano hasta Basilea, un aeropuerto situado entre Francia y Suiza. Desde allí recogimos el coche de alquiler y recorrimos unas dos horas y media hasta la base de Hesse, donde empezaríamos nuestra semana navegando por los canales de Alsacia-Lorena.

Como todavía nos quedaba parte del día por delante, hicimos una parada en el luge de Saint-Louis-Arzviller. Ya lo habíamos probado hace años en los Alpes y nos hizo ilusión repetir la experiencia con las niñas. Fue una forma perfecta de romper el viaje antes de recoger el barco.

luge de Saint-Louis-Arzviller.

Al llegar a la base nos explicaron el funcionamiento del barco. Era nuestra segunda experiencia de turismo fluvial, así que muchas maniobras ya nos resultaban familiares, aunque siempre viene bien repasar los procedimientos antes de salir.

Como ya era media tarde no quisimos hacer demasiados kilómetros. Una de las cosas que más nos gusta de este tipo de viajes es que no hace falta llegar a un destino concreto. Navegamos un rato hasta encontrar un amarre tranquilo rodeado de naturaleza y allí pasamos nuestra primera noche completamente en silencio.

base de leboat hesse blogueraviajera

Después del ritmo de los aeropuertos y la carretera, cenar en la cubierta viendo ponerse el sol fue la mejor forma de empezar las vacaciones.

Día 2. Los túneles de Niderviller, el plano inclinado de Arzviller y Saverne

Este fue, sin duda, uno de los días más espectaculares de toda la ruta. Los túneles de Niderviller no abren hasta las nueve de la mañana, así que salimos tranquilos y aprovechamos para desayunar sin prisas antes de ponernos en marcha.

Primero atravesamos un túnel de 475 metros y, poco después, el gran túnel de 2.308 metros. Aunque navegar casi dos kilómetros y medio bajo tierra impresiona, la experiencia fue mucho más sencilla de lo que imaginábamos.

tunel largo blogueraviajera

Durante todo el túnel Mike se concentró únicamente en mantener el barco centrado mientras yo iba delante indicándole las distancias con las paredes. El canal es bastante estrecho y cualquier pequeño giro se nota enseguida, así que preferimos repartirnos el trabajo. Al final salimos sin un solo roce y con la sensación de haber superado uno de los momentos que más respeto nos daba antes del viaje.

A continuación llegamos al plano inclinado de Arzviller, una obra de ingeniería que sustituye a diecisiete antiguas esclusas. En apenas unos minutos el barco salva cerca de 45 metros de desnivel sobre una enorme plataforma móvil. Habíamos visto vídeos antes de viajar, pero verlo en directo impresiona muchísimo más.

ascensor del barco bloguerviajerac

Después de hacer una pequeña parada para visitar el museo seguimos navegando hasta Saverne.

Tuvimos la suerte de llegar justo cuando la ciudad celebraba un festival. Entrar navegando entre conciertos, terrazas llenas y un ambiente increíble fue uno de esos momentos que no puedes planificar.

Saverne Alsacia

Esa noche decidimos dormir en el puerto deportivo. Fue el único amarre de pago del viaje, pero con la ola de calor que estábamos viviendo agradecimos muchísimo tener electricidad para poner el aire acondicionado del barco.

Marina de Saverne

Día 3. Saverne y Lutzelbourg

Mientras las niñas todavía dormían, Mike aprovechó para recorrer parte del canal en bicicleta grabando imágenes con el dron. Una de las ventajas de estas rutas es que casi siempre existe un camino paralelo al canal, perfecto para moverse en bici.

Vista desde dron del canal

Dedicamos la mañana a disfrutar de Saverne con calma. Después de varios días navegando, agradecimos pasar unas horas paseando sin prisas por sus calles. Recorrimos la calle principal buscando unos granizados para las niñas y, después de entrar en varias tiendas, los encontramos en una pequeña plaza junto a la estatua de una sirenita. Fue una de esas pequeñas anécdotas que siempre acabamos recordando del viaje.

Si tienes tiempo, merece la pena perderse por el centro histórico, acercarse al puerto y simplemente disfrutar del ambiente. Saverne nos pareció uno de los pueblos con más vida de toda la ruta, con terrazas, restaurantes y bastante movimiento durante todo el día.

Parque acuatica infantil

Como la ola de calor seguía apretando, por la tarde cruzamos al parque acuático situado justo enfrente del puerto deportivo. Fue todo un acierto. Las niñas disfrutaron muchísimo de los chorros de agua mientras nosotros aprovechábamos para descansar un rato antes de volver al barco.

A última hora soltamos amarras rumbo a Lutzelbourg. El trayecto es corto y muy agradable, rodeado de vegetación, por lo que resulta perfecto para navegar sin prisas. Al llegar nos encontramos con un pueblo completamente distinto a Saverne: pequeño, tranquilo y con ese ambiente típico de la Francia rural que tanto nos gusta.

Lutzelbourg

Día 4. Rumbo a Gondrexange

Mike aprovechó para madrugar y salir en bicicleta mientras las niñas y yo seguíamos durmiendo en el barco. Desde Lutzelbourg recorrió el antiguo trazado del canal, siguiendo la impresionante escalera de 17 esclusas de Arzviller-Henridorff. Antes de construirse el plano inclinado de Arzviller, todos los barcos tenían que superar aquí un desnivel de más de 44 metros, atravesando una a una las esclusas. Cruzarlas llevaba prácticamente un día entero de navegación. Con la inauguración del plano inclinado en 1969, este tramo quedó fuera de servicio y hoy se ha convertido en un precioso sendero peatonal y ciclista.

valle de esculsas

Es una excursión que recomendamos muchísimo si haces esta ruta. El camino discurre entre bosques, las antiguas esclusas perfectamente conservadas y las preciosas casas de los escluseros, muchas de ellas restauradas y reconvertidas para nuevos usos.

Es un paseo muy agradable, tanto a pie como en bicicleta, y una forma diferente de descubrir la historia del canal más allá de la navegación.

Vistas desde el castillo de Lutzelbourg

Después, Mike decidió alargar la ruta subiendo hasta las ruinas del castillo de Lutzelbourg para fotografiar las vistas sobre el pueblo y el canal. Nosotros no fuimos con las niñas porque el calor era demasiado intenso para afrontar la subida, pero el esfuerzo mereció la pena. Desde arriba se obtiene una panorámica espectacular de todo el valle y fue, sin duda, uno de los mejores miradores de todo el viaje.

Cuando regresó al barco desayunamos juntos y soltamos amarras para iniciar una de las jornadas de navegación más largas del viaje. Tocaba deshacer el camino recorrido, volver a atravesar los túneles de Niderviller y cruzar de nuevo el plano inclinado de Arzviller.

Esta vez todo resultó mucho más sencillo. Después de varios días al timón ya conocíamos perfectamente cómo respondía el barco y la tensión del primer paso había desaparecido. De hecho, disfrutamos mucho más del recorrido por los túneles.

túneles de Niderviller

Durante el trayecto vimos a otro barco rozando continuamente la popa contra la pared del túnel durante prácticamente todo el recorrido. A nosotros nos ponía de los nervios verlo, sobre todo porque desde el primer día habíamos intentado cuidar el barco al máximo. Aun así, también nos sirvió para comprobar que los barcos están preparados para estos pequeños errores de principiantes. Las defensas de goma, los neumáticos y las protecciones de madera del túnel están precisamente para evitar daños importantes cuando alguien calcula mal una maniobra.

bosque

Después de superar de nuevo el plano inclinado continuamos navegando hasta Gondrexange, donde volvimos a amarrar rodeados de naturaleza. Tras un día largo al timón, disfrutamos de otra tranquila tarde a bordo, cenando en cubierta y aprovechando el silencio del canal antes de afrontar las dos últimas jornadas del viaje.

Día 5. La esclusa de Réchicourt

Como ya era costumbre, Mike volvió a madrugar y salió en bicicleta mientras las niñas y yo seguíamos durmiendo. Esta vez recorrió el canal en dirección a Réchicourt, adelantándose al barco para explorar los alrededores antes de que empezara el calor.

Pasó junto a la enorme esclusa de Réchicourt, la más profunda de Francia, y continuó hasta el Arboretum de Réchicourt-le-Château. Fue una de las sorpresas del viaje: un rincón muy tranquilo, completamente rodeado de vegetación, donde solo se oían los pájaros. Si te gusta caminar o vas con bicicletas, creemos que merece la pena acercarse hasta allí.

La esclusa de Réchicourt

Cuando regresó al barco desayunamos y comenzamos a navegar hacia Réchicourt. Aunque ya habíamos visto la esclusa desde tierra, impresiona todavía más al llegar por el agua. Salva casi 16 metros de desnivel de una sola vez y es una auténtica obra de ingeniería.

Ese día habíamos pensado atravesarla y continuar un poco más, pero la ola de calor volvió a cambiar nuestros planes. Al llegar a la parte superior de la esclusa decidimos no seguir navegando. Buscamos un amarre con sombra para comer tranquilamente a bordo y, después de descansar durante las horas de más calor, pusimos rumbo de vuelta hacia Hesse para afrontar la última jornada del crucero.

Día 6. Un descanso entre lagos

Como ya estábamos muy cerca de la base y seguía haciendo muchísimo calor, decidimos dejar el barco amarrado durante unas horas y aprovechar la mañana para conocer Lac Vert, un lago situado a pocos minutos de Hesse donde está permitido el baño.

Cogimos el coche y nos fuimos a pasar unas horas refrescándonos. Fue un plan totalmente improvisado, pero precisamente esa libertad es una de las cosas que más nos gustan del turismo fluvial. No tienes un horario que cumplir ni un hotel al que llegar, así que puedes adaptar el viaje sobre la marcha según el tiempo o lo que más os apetezca hacer ese día.

Un descanso entre lagos

Por la tarde regresamos al barco y, en lugar de pasar nuestra última noche en la base de Hesse, decidimos aprovechar hasta el último momento. Navegamos el corto tramo que nos separaba del puerto deportivo de Xouaxange, un amarre que ya habíamos visto unos días antes y que nos había gustado mucho por su tranquilidad.

Fue la mejor decisión. Disfrutamos de una última barbacoa en cubierta y de una noche muy tranquila junto al canal. A la mañana siguiente solo tuvimos que navegar unos minutos hasta Hesse para devolver el barco, una forma mucho más agradable de terminar el viaje que durmiendo directamente en la base.

Día 7. Despedida del barco

Después de siete días llegó el momento de devolver el barco. Nos dio mucha pena despedirnos porque esta era ya nuestra segunda ruta de turismo fluvial por Francia. La primera fue por Aquitania y esta nos confirmó que cada región ofrece una experiencia completamente distinta.

Mientras dejábamos Hesse ya estábamos hablando de cuál podría ser nuestro próximo destino navegando por Europa. Eso, probablemente, sea la mejor forma de resumir este viaje. Cuando terminas una semana en un barco pensando dónde hacer la siguiente ruta, es porque la experiencia realmente merece la pena.

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Nuestra opinión sobre esta ruta fluvial por Alsacia

Después de haber hecho dos cruceros fluviales en Francia, uno por Aquitania y otro por Alsacia, si tuviéramos que recomendar una primera experiencia probablemente elegiríamos esta ruta.

Nos pareció una navegación muy tranquila, con pocas horas al día al timón y atractivos muy diferentes entre sí. En apenas una semana pasamos por el plano inclinado de Arzviller, navegamos dos túneles, cruzamos la esclusa más profunda de Francia, recorrimos pueblos con muchísimo encanto como Saverne y Lutzelbourg y disfrutamos de algunos de los canales más bonitos que hemos visto.

También tuvimos la mala suerte de coincidir con una intensa ola de calor durante buena parte del viaje. Nuestra idea era bajar más a menudo del barco para recorrer los pueblos y hacer alguna excursión, pero las temperaturas, que algunos días superaban los 40 °C, nos hicieron cambiar los planes. En lugar de eso, adaptamos el ritmo del viaje: aprovechábamos las primeras horas de la mañana para navegar, buscábamos amarres tranquilos y disfrutamos mucho más de la vida a bordo. Al final, las barbacoas en cubierta, los juegos de mesa con las niñas y las tardes relajados junto al canal acabaron siendo también una parte muy especial del viaje.

boat lift

Además, al terminar el crucero es muy fácil completar las vacaciones visitando algunos de los lugares más conocidos de Alsacia, como Estrasburgo, Colmar o los pueblos de la Ruta del Vino. Nosotros lo hicimos durante los días posteriores y creemos que es la combinación perfecta para aprovechar el viaje.

Si es vuestro primer crucero fluvial, esta ruta tiene otra gran ventaja: aunque sobre el papel impresiona por los túneles, el plano inclinado de Arzviller o la esclusa de Réchicourt, en la práctica nos pareció incluso más sencilla que Aquitania. Todo está muy bien organizado y, una vez superas los primeros kilómetros, la navegación resulta muy relajada.

Como en nuestros dos viajes, organizamos la reserva con Danfluvial, la empresa con la que siempre hemos viajado y que nos ayudó a elegir la ruta que mejor encajaba con nuestra familia y a resolver todas las dudas antes de zarpar. Precisamente por esa experiencia, es la opción que recomendamos a cualquiera que quiera iniciarse en el turismo fluvial.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días hacen falta para hacer esta ruta?

Nosotros la hicimos en siete días porque queríamos navegar con calma y disfrutar de cada parada. Viéndolo ahora, creemos que también se puede hacer perfectamente en seis días sin ir con prisas, ya que las distancias entre amarres no son muy largas.

¿La recomendaríamos como primer crucero fluvial?

Sí, pero con un pequeño consejo. Si es vuestra primera vez llevando un barco, intentaría organizar la ruta para no cruzar los túneles de Niderviller el primer día. No son difíciles, pero el túnel largo tiene más de dos kilómetros y exige mantener el barco bastante recto durante mucho tiempo. Después de uno o dos días al timón ya le habréis cogido el punto al barco y lo disfrutaréis mucho más.

¿Da miedo el plano inclinado de Arzviller?

Impresiona muchísimo la primera vez que lo ves, pero la realidad es que no tiene ninguna dificultad. Solo hay que seguir las indicaciones del personal. Ellos colocan el barco en la plataforma y se encargan de todo el proceso. Vosotros simplemente permanecéis a bordo disfrutando de una de las obras de ingeniería más curiosas de Francia.

¿Es una buena ruta para hacer con niños?

Sí, pero hay que ir con las expectativas adecuadas. El turismo fluvial es un viaje de ritmo lento y habrá momentos en los que los niños simplemente estén navegando. Nosotros llevábamos juegos de mesa, material para dibujar y aprovechábamos mucho las paradas para bajar a explorar. Si podéis, os recomendamos alquilar bicicletas. Dan muchísima libertad para recorrer los pueblos, ir a comprar el pan o adelantarse al barco mientras navega.

¿Cuál fue nuestra parada favorita?

Es difícil elegir solo una. Si hablamos de ambiente, nos quedamos con Saverne. Tiene un puerto muy animado, muchos restaurantes y un paseo muy agradable junto al canal. Pero si buscamos tranquilidad, Lutzelbourg nos enamoró. Es el típico pueblo francés pequeño, rodeado de naturaleza y con un ambiente muy relajado que invita a quedarse una noche más.

¿Hay que reservar los amarres?

En nuestra experiencia no hizo falta. Solo pagamos en Saverne porque queríamos tener electricidad y dormir junto al centro histórico. El resto de noches encontramos sitio sin problemas en amarres gratuitos.

Sigue preparando tu crucero fluvial

Si este artículo te ha ayudado a organizar tu primer crucero fluvial, aquí tienes el resto de guías basadas en nuestras dos experiencias navegando por Francia:

on consejos reales para que puedas organizar tu propio crucero con mucha más tranquilidad.

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