Si hay una duda que nos hizo darle vueltas antes de reservar nuestro primer crucero fluvial fue esta: ¿seremos capaces de conducir un barco sin licencia?
Aunque los dos habíamos llevado alguna vez pequeñas embarcaciones, nunca habíamos manejado un barco de este tamaño. Nos preocupaba no saber atracar, golpear el barco al pasar una esclusa o que conducir una casa flotante de más de diez metros acabara siendo mucho más complicado de lo que imaginábamos.
La realidad fue muy distinta. Antes de salir no te entregan el barco y te desean buena suerte. Recibes una formación completa, haces una práctica en el agua con un miembro del equipo y no empiezas la ruta hasta que todos estáis cómodos con las maniobras básicas. Ese primer contacto hizo que el barco dejara de parecernos enorme y empezáramos el viaje con mucha más tranquilidad.
Después de dos cruceros fluviales por Francia, uno por Aquitania y otro por Alsacia, podemos decir que el miedo era mucho mayor que la dificultad real. Eso no significa que no haya momentos en los que tengas que prestar atención o que las primeras maniobras no impongan un poco, pero en ningún momento sentimos que hiciera falta experiencia previa para disfrutar del viaje.
Contenidos:
En este artículo te contamos cómo fue ese aprendizaje, qué fue lo que más nos costó, qué situaciones requieren un poco más de calma y por qué creemos que prácticamente cualquier persona puede conducir un barco fluvial sin licencia.
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¿Cómo es la formación antes de salir?
Una de las cosas que más nos tranquilizó fue la formación antes de zarpar. Al menos en nuestro primer viaje, el equipo dedicó todo el tiempo necesario para asegurarse de que entendíamos cómo funcionaba el barco y nos sentíamos preparados para llevarlo.
Primero nos enseñaron todo lo relacionado con la vida a bordo. Cómo comprobar el nivel de las baterías, controlar los depósitos de agua, utilizar los distintos sistemas del barco y resolver las pequeñas tareas del día a día. Al principio puede parecer mucha información, pero enseguida te das cuenta de que todo es bastante intuitivo.
Después llegó la parte que más nos preocupaba: conducir el barco.
Antes de salir solos hicimos una pequeña navegación junto al instructor. Durante esa práctica aprendimos a gobernar el barco a baja velocidad, pasamos una esclusa, hicimos un cambio de sentido en el canal y practicamos cómo atracar. Fue suficiente para entender cómo respondía el barco y perder ese miedo inicial que llevábamos desde casa.
Lo que más nos gustó fue que en ningún momento sentimos prisa. La idea no era terminar la explicación cuanto antes, sino asegurarse de que realmente habíamos entendido todo. Cuando nos quedamos solos al timón seguíamos teniendo ese respeto lógico del primer día, pero ya no la sensación de estar haciendo algo para lo que no estábamos preparados.
Los primeros minutos al timón
Todavía nos acordamos de la cara de Mike cuando llegó el momento de ponerse al timón de nuestro primer barco, un Mystique de 14 metros. Era una mezcla de emoción y concentración absoluta. Después de toda la explicación, ahora tocaba hacerlo de verdad. Por suerte, el primer tramo de la ruta transcurría por un canal ancho y completamente recto, rodeado de árboles. Eso nos permitió centrarnos únicamente en una cosa: aprender a llevar el barco sin preocuparnos por maniobras complicadas nada más salir.
Rápidamente descubrimos algo que no esperábamos. Lo difícil no era girar el barco, sino mantenerlo recto. A diferencia de un coche, un barco fluvial responde con mucha más calma a los movimientos del timón. Al principio es muy fácil corregir demasiado pronto, luego demasiado tarde y acabar haciendo pequeñas eses por el canal. No porque el barco sea difícil de controlar, sino porque tarda unos segundos en responder y necesitas aprender a anticiparte.
Con el paso de las horas esas eses se van haciendo cada vez más pequeñas, hasta que casi desaparecen. Pero es una habilidad que se adquiere poco a poco. De hecho, cuando volvimos a hacer otro crucero fluvial en Alsacia, Mike ya sabía perfectamente cómo funcionaba el barco, pero aun así necesitó un par de horas para volver a cogerle el tacto y navegar completamente relajado.
Si tuviéramos que dar un único consejo después de dos cruceros fluviales sería este: no tengas prisa. La velocidad es tu mejor aliada. Haz todas las maniobras despacio y con calma. Y si ves que algo no está saliendo como esperabas, no intentes solucionarlo acelerando. Lo mejor es detener el barco, volver a colocarlo con tranquilidad y utilizar los propulsores laterales si es necesario. En un barco fluvial casi siempre tienes tiempo para pensar antes de actuar, y esa es precisamente una de las razones por las que resulta mucho más fácil de conducir de lo que imaginábamos.
¿Qué es lo más difícil de conducir un barco fluvial?
Aunque en general nos pareció mucho más sencillo de lo que esperábamos, hay algunas situaciones que requieren un poco más de atención que simplemente navegar por un canal recto.
Sin duda, atracar era una de las maniobras que más respeto nos daba antes de empezar. A diferencia de un coche, un barco no se detiene en seco y tanto el viento como la corriente pueden mover la proa o la popa justo cuando estás intentando colocarte junto al pantalán. En realidad, todo consiste en hacerlo muy despacio, sin prisas, y comunicarse bien con la persona que va a saltar a tierra para asegurar los cabos. Si la maniobra no sale perfecta a la primera, no pasa nada. De hecho, durante nuestros dos viajes vimos a muchos barcos hacer un segundo intento para colocarse mejor antes de amarrar.
Nosotros también comprobamos que, navegando despacio, siempre tienes margen para corregir. Es mucho mejor dar una vuelta más y volver a intentarlo que forzar una maniobra con prisas.
Los túneles de Alsacia también nos parecieron uno de los momentos más delicados del viaje. Son estrechos y apenas hay margen a cada lado, por lo que hay que mantener la calma y navegar despacio. Recuerdo especialmente el día que volvíamos por el túnel de Niderviller. El barco que iba delante de nosotros rozó la popa contra la pared prácticamente durante todo el recorrido. Nosotros íbamos detrás intentando mantener el barco perfectamente centrado y viendo aquello con bastante tensión.
Sin embargo, esa escena también nos enseñó algo importante. Los barcos están preparados para este tipo de pequeños errores. Las defensas de goma y las protecciones de madera absorbieron todos los roces, y el otro barco continuó la ruta sin ningún problema.
Al final, la mayor dificultad no era conducir el barco, sino controlar los nervios. Cuando mantienes una velocidad muy baja y no intentas hacer las maniobras con prisas, casi siempre tienes tiempo para corregir cualquier situación antes de que se convierta en un problema.
¿Y las esclusas? El momento que más impone
Si hay un momento que suele preocupar a todo el mundo antes del primer crucero fluvial, son las esclusas. Ver un barco entrando en un espacio tan estrecho mientras el nivel del agua sube o baja puede parecer complicado desde fuera.
La realidad es que las primeras impresionan más que las siguientes.
En nuestro primer viaje por Aquitania viajábamos con mi hermana, así que teníamos una ventaja extra. Mientras uno de nosotros se concentraba en las maniobras, ella podía ayudar en cubierta o quedarse con las niñas. En ese momento Zoe tenía solo tres años y África siete, y creemos que con niños tan pequeños lo mejor es que permanezcan dentro del barco mientras se pasa la esclusa.
Las esclusas suelen ser bastante estrechas y, además, la entrada no siempre está perfectamente alineada con el canal. Ahí no hay ningún secreto: velocidad mínima, concentración y ninguna prisa. Ten en cuenta que el paso por una esclusa suele ser más movido cuando estás subiendo, porque el agua va llenando el vaso de la esclusa. En ese momento conviene prestar especial atención a los amarres.
También descubrimos que la forma de pasar una esclusa cambia según la ruta. En Aquitania, cuando ascendíamos el canal, necesitábamos que mi hermana bajara a tierra antes de entrar para ayudarnos a amarrar el barco, ya que quedaba bastante más bajo que el borde de la esclusa. Sin embargo, en Alsacia no fue necesario. Con la ayuda del bichero podíamos alcanzar las amarras sin problemas desde el propio barco.
Después de unas pocas esclusas dejan de imponer tanto y pasan a formar parte de la rutina del viaje. De hecho, al final acabábamos afrontándolas con total normalidad. Te dejo nuestra guia de como pasar una esclusa paso a paso.
No tengas miedo de hacer un pequeño roce
Una de las mayores preocupaciones antes de salir era dañar el barco. Al fin y al cabo, estás conduciendo una embarcación que cuesta muchos miles de euros y sobre la que has dejado una fianza importante.
Después de dos cruceros nuestra conclusión es que estos barcos están mucho más preparados para los errores de los principiantes de lo que imaginábamos.
Mike estaba especialmente orgulloso de devolver el barco sin una sola marca en ninguno de los dos viajes. Hubo algún pequeño toque contra las defensas durante alguna maniobra, algo completamente normal cuando estás aprendiendo, pero siempre a velocidades muy bajas y sin ninguna consecuencia.
De hecho, durante nuestro segundo crucero vimos justo lo contrario. En uno de los túneles de Alsacia, el barco que navegaba delante de nosotros fue rozando la popa contra la pared prácticamente durante todo el recorrido. Nosotros íbamos detrás con el corazón en un puño, pero las defensas de goma y las protecciones de madera hicieron exactamente el trabajo para el que están diseñadas y el barco continuó la ruta sin ningún problema.
Eso no significa que haya que conducir sin cuidado, ni mucho menos. Nosotros tratamos el barco igual que trataríamos un coche de alquiler: con todo el respeto del mundo. Pero entender que estas embarcaciones están diseñadas para soportar los pequeños errores de quienes las llevan por primera vez también ayuda mucho a relajarse y disfrutar del viaje.
Entonces… ¿es difícil conducir un barco fluvial sin licencia?
Después de dos cruceros fluviales, nuestra respuesta sigue siendo la misma: no.
No porque sea algo que sepas hacer desde el primer minuto, sino porque la curva de aprendizaje es mucho más rápida de lo que imaginábamos. El primer día requiere concentración. Aprendes cómo responde el barco, empiezas a calcular las distancias y poco a poco dejas de corregir cada movimiento del timón.
Hay momentos que imponen más, como las primeras esclusas o las maniobras para atracar, pero en ningún momento sentimos que fueran situaciones difíciles de superar. Todo está pensado para personas sin experiencia y, navegando despacio, siempre tienes tiempo para reaccionar y corregir.
Mirando atrás, creemos que el mayor obstáculo no era conducir el barco, sino el miedo que llevábamos antes de empezar. Una vez superadas las primeras horas, el barco deja de ser una preocupación y pasa a convertirse en una parte más del viaje.
Si estás dudando en reservar un crucero fluvial porque nunca has llevado un barco, nuestra experiencia es que no debería ser el motivo para descartarlo. Nosotros también teníamos ese respeto antes del primer viaje y, después de recorrer Aquitania y Alsacia, es una de las experiencias que más recomendamos a quienes buscan una forma diferente de viajar en familia.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Hace falta un carnet para conducir un barco fluvial?
No. En la mayoría de las rutas de turismo fluvial por Francia no necesitas ningún permiso o licencia náutica. Antes de salir, la empresa te explica cómo funciona el barco, las normas básicas de navegación y realizas una práctica para asegurarse de que puedes manejarlo con seguridad.
¿Cuánto se tarda en aprender a conducir un barco fluvial?
En nuestra experiencia, la mayor parte del aprendizaje se concentra durante el primer día. Los primeros kilómetros requieren bastante concentración, sobre todo para mantener el barco recto y acostumbrarte a la respuesta del timón. A medida que avanzas, todo empieza a salir de forma mucho más natural.
¿Es difícil pasar una esclusa por primera vez?
Es probablemente el momento que más impone, pero también el que más rápido deja de dar miedo. Lo importante es entrar muy despacio, mantener la calma y seguir las indicaciones. Después de pasar unas pocas esclusas, terminan formando parte de la rutina del viaje.
¿Qué pasa si golpeo el barco?
Los barcos de alquiler están preparados para los pequeños errores de quienes navegan por primera vez. Incorporan defensas de goma y protecciones que absorben los roces habituales durante las maniobras. Aun así, conviene tratarlos con el mismo cuidado que un coche de alquiler y hacer todas las maniobras sin prisas.
¿Puede conducir el barco cualquier adulto?
Sí. Durante nuestros dos viajes nos turnamos al timón sin ningún problema. Lo importante es prestar atención durante la formación inicial y navegar siempre con calma, especialmente durante las primeras horas.
¿Es seguro hacer un crucero fluvial con niños?
Sí, siempre que se sigan unas normas básicas de seguridad. En nuestro caso viajamos con Zoe, de 3 años, y África, de 7, en nuestro primer crucero. Durante las maniobras más delicadas, como el paso por las esclusas, preferíamos que permanecieran dentro del barco mientras uno de los adultos se concentraba en la navegación. El resto del tiempo disfrutaban de la experiencia con total normalidad.
Sigue preparando tu crucero fluvial
Si este artículo te ha ayudado a organizar tu primer crucero fluvial, aquí tienes el resto de guías basadas en nuestras dos experiencias navegando por Francia:
- ¿Es difícil conducir un barco sin licencia? Descubre cómo fue nuestra primera experiencia al timón, qué maniobras nos daban más respeto y por qué al cabo de unas horas ya navegábamos con total tranquilidad.
- Cómo pasar una esclusa en barco por primera vez. Te explicamos paso a paso cómo afrontar una esclusa, cómo nos organizábamos en cada maniobra y los errores que conviene evitar.
- ¿Cuánto cuesta un crucero fluvial? Analizamos todos los gastos reales de nuestros viajes para que puedas calcular un presupuesto sin sorpresas.
- Ruta de crucero fluvial por Aquitania. El itinerario completo de nuestro primer viaje, con etapas, pueblos y consejos para recorrer una de las rutas más recomendables para principiantes.
- Ruta de crucero fluvial por Alsacia. Nuestra segunda experiencia navegando por el Canal de la Marne al Rin, con Saverne, el plano inclinado de Arzviller y los cambios que hicimos durante la ola de calor.
- Las cosas que más nos sorprendieron de viajar en barco. Todo aquello que no esperábamos antes de nuestro primer crucero y que descubrimos una vez estábamos navegando.
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