Antes de hacer nuestro primer crucero fluvial por Aquitania, no teníamos ni idea de cómo era viajar de esta forma. De hecho, lo que más nos preocupaba era bastante evidente: cómo íbamos a conducir nosotros solos un barco de casi 15 metros sin tener experiencia ni licencia.
Después llegaron las esclusas, las noches amarrados en mitad del canal, los pueblos a los que llegábamos navegando y las tardes en cubierta mientras las niñas jugaban. La experiencia nos gustó tanto que decidimos repetir, esta vez con una ruta completamente diferente por Alsacia y Lorena.
Tras dos viajes en barco por Francia, estas son las cosas que más nos han sorprendido del turismo fluvial. Algunas no nos las esperábamos antes de subir a bordo y otras solo las hemos entendido después de pasar varios días viviendo, durmiendo y viajando sobre el agua.
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1. Que pudiéramos conducir un barco tan grande sin licencia
Esta fue, sin duda, nuestra primera gran sorpresa. Cuando elegimos el barco para la ruta por Aquitania, Mike no podía disimular la mezcla de ilusión y nervios al pensar que tendría que conducir una embarcación de casi 15 metros sin haber llevado nunca un barco.
Para alquilar este tipo de barcos fluviales no se necesita licencia. Antes de salir, el personal de la base te explica cómo funciona todo y navega contigo durante un rato para enseñarte a maniobrar, amarrar y pasar una esclusa. En Aquitania tuvimos la suerte de hacer la primera esclusa acompañados, algo que nos dio bastante confianza antes de continuar solos.
Llevar el barco no es difícil, pero tampoco funciona como un coche. Cuando giras el timón, tarda un poco en reaccionar y al principio cuesta mantener una trayectoria completamente recta. Hay que anticiparse, hacer movimientos pequeños y, sobre todo, navegar despacio.
En nuestro segundo crucero por Alsacia ya sabíamos qué esperar y se notó desde el primer momento. Seguíamos teniendo mucho cuidado, especialmente al entrar en las esclusas, atravesar los túneles o amarrar, pero ya no impresionaba tanto ponerse al mando. No hace falta experiencia previa, aunque sí atención, paciencia y unos días para terminar de cogerle el punto.
2. Lo grandes, cómodos y bien equipados que son por dentro
Antes de ver el primero en persona, imaginábamos que pasar varios días en un barco significaría estar bastante apretados. Sin embargo, cuando entramos en el Mystique de Aquitania nos sorprendió muchísimo el espacio que tenía.
Era un barco para seis u ocho personas, con tres camarotes dobles, tres baños, salón, cocina y una zona exterior enorme. El camarote principal donde dormíamos Mike y yo era tan grande que casi teníamos más espacio que en nuestra habitación de casa. En cubierta había una mesa con bancos y sitio de sobra para relajarnos, mientras que en la proa podíamos sentarnos o tumbarnos para ver el paisaje. Incluso llevábamos cuatro bicicletas y una silla infantil en la popa.
En Alsacia navegamos en el Liberty, un barco unos tres metros más corto y algo más estrecho que el Mystique. Aun así, también nos pareció muy espacioso por dentro y estuvimos cómodos durante todo el viaje. Fue una de las cosas que más nos sorprendió de ambos barcos: desde fuera no parece que puedan tener tanto espacio interior.
La cocina también está bien equipada y permite preparar comidas de verdad, no solo calentar algo rápido. Evidentemente, el resultado depende de las habilidades de quien cocine; por suerte, nosotros llevábamos a Mike. También teníamos una barbacoa en la cubierta superior, que utilizábamos para preparar la cena mientras disfrutábamos de las últimas horas del día. Era una de nuestras formas favoritas de terminar las jornadas.
Siempre los habíamos descrito como autocaravanas acuáticas, pero por dentro resultaron bastante más amplios de lo que esperábamos. Puedes cocinar, ducharte y dormir a bordo cómodamente, sin hacer y deshacer maletas ni cambiar de alojamiento cada noche.
Eso sí, recomendamos elegir un barco en el que todos tengáis una cama fija. Muchos modelos indican una capacidad mayor porque cuentan también el sofá cama del salón, pero tener que montarlo y desmontarlo cada día resulta menos cómodo. Nosotros preferimos contar con un camarote para cada uno y mantener libre la zona común.
3. Que la navegación fuera una parte tan importante del viaje
Cuando viajamos en coche, las horas de desplazamiento suelen ser simplemente el tiempo necesario para llegar al siguiente destino. En un crucero fluvial ocurre justo lo contrario: la navegación es una parte importante de la experiencia y muchas de las cosas que más recordamos sucedieron antes de llegar a ninguna parada.
Mientras Mike conducía, las niñas dibujaban, jugaban dentro del barco o salían a cubierta para ver el paisaje. Nosotros preparábamos algo de comer, nos turnábamos para acompañarlo y aprovechábamos para sentarnos tranquilamente en cubierta. Incluso los días en los que navegamos durante cuatro o cinco horas no se hicieron pesados porque nadie tenía que permanecer sentado durante todo el trayecto.
Además, cada ruta tenía sus propios atractivos. En Aquitania navegábamos entre árboles, campos y pequeños pueblos, siguiendo en muchos tramos los caminos de sirga del canal lateral del Garona. También recorrimos el río Baïse hasta llegar a Nérac, nuestro pueblo favorito del viaje.
En Alsacia y Lorena, la navegación fue completamente diferente. Atravesamos los dos túneles de Niderviller, uno de ellos de más de dos kilómetros; subimos con el barco por el plano inclinado de Saint-Louis-Arzviller y pasamos la esclusa de Réchicourt, que salva un desnivel de casi 16 metros.
Por supuesto, había momentos en los que todos debíamos estar atentos. Al acercarnos a una esclusa preparábamos los cabos y las niñas se quedaban dentro, especialmente cuando eran más pequeñas. Pero durante el resto del trayecto podíamos cocinar, jugar, descansar o simplemente mirar el paisaje. No sentíamos que estuviéramos perdiendo una mañana en llegar a otro lugar: ya estábamos disfrutando del viaje.
4. La libertad para decidir dónde parar y dormir
En nuestros dos viajes llevábamos una ruta pensada, pero no un itinerario completamente cerrado. Cada mañana decidíamos cuánto queríamos navegar y, si durante el camino veíamos un pueblo, un merendero o un rincón que nos gustaba, podíamos parar.
Tanto en Aquitania como en Alsacia tuvimos la libertad de amarrar junto al canal y dormir en plena naturaleza. Solo teníamos que encontrar un lugar adecuado, clavar las piquetas en la orilla y sujetar el barco. También podíamos utilizar los amarres gratuitos o los pequeños puertos que encontrábamos durante la ruta.
Una de las primeras noches en Aquitania dormimos completamente solos junto al canal. Dimos un paseo por el carril bici, jugamos en cubierta, vimos el atardecer y cenamos sin escuchar prácticamente nada alrededor. En Alsacia también alternamos noches en lugares tranquilos y gratuitos con puertos de pago, como el de Saverne, donde dormimos en pleno centro con agua y electricidad.
La única diferencia importante la encontramos al navegar por el río en Aquitania. Allí no podíamos amarrar directamente en la orilla como hacíamos en los canales y teníamos que utilizar los puntos habilitados, normalmente situados cerca de los pueblos.
Evidentemente, hay que tener en cuenta los horarios de las esclusas, las distancias y las normas de cada tramo. Aun así, poder decidir sobre la marcha dónde terminar el día es una libertad que no habíamos tenido en otros viajes.
5. Lo estable que es el barco y lo poco que se nota el movimiento
El mareo era otra de nuestras dudas antes del primer viaje. Mike suele marearse cuando salimos en barco para hacer submarinismo y normalmente tenemos que llevar Biodramina, así que no sabíamos cómo le sentaría pasar varios días viviendo sobre el agua.
Al final, ninguno nos mareamos en ninguno de los dos viajes. En Aquitania navegamos por el canal lateral del Garona y el río Baïse, mientras que en Alsacia y Lorena recorrimos tramos del canal del Marne al Rin y del canal del Sarre. Los barcos avanzan muy despacio y en todos ellos encontramos el agua muy tranquila. No tiene nada que ver con navegar en el mar y apenas notas movimiento mientras avanzas.
Lo que más nos sorprendió fue dormir a bordo. La primera noche esperábamos notar que el barco se balanceaba, pero una vez amarrado no se movía prácticamente nada. Dentro del camarote ni siquiera teníamos la sensación de estar durmiendo sobre el agua.
Evidentemente, cada persona es diferente y no podemos asegurar que nadie vaya a marearse, pero en nuestra experiencia fue un miedo completamente innecesario. Después de dos rutas y once noches a bordo, Mike no necesitó tomar nada.
6. Que termináramos cogiéndole el gusto a las esclusas
Sin duda, las esclusas fueron uno de los retos que más nerviosos nos pusieron durante los primeros días. La entrada suele ser estrecha, no siempre se llega en línea recta y hay que acercarse muy despacio mientras se preparan los cabos y cada adulto ocupa su sitio. Además, ninguna es exactamente igual: algunas son muy estrechas y otras tienen curvas, puentes o accesos más complicados, como ocurre al llegar a Nérac.
En Aquitania viajábamos tres adultos porque vino mi hermana con nosotros. África tenía siete años y Zoe tres, así que durante las esclusas se quedaban dentro del barco mientras nosotros nos ocupábamos de la maniobra. Mike conducía, mi hermana se colocaba en la popa y yo en la proa. Cuando navegábamos río arriba, alguna de nosotras tenía que bajar antes para ayudarnos a amarrar porque el barco quedaba bastante bajo respecto al borde de la esclusa.
También cambia mucho la experiencia según el sentido de la navegación. Cuando bajas, el agua sale de la esclusa y el barco desciende con bastante calma. Al subir, entra agua para llenar el vaso y se genera bastante más movimiento alrededor del barco. En ese momento hay que controlar muy bien los cabos para mantenerlo cerca de la pared, pero sin dejarlos demasiado tensos a medida que sube el nivel.
En Alsacia ya teníamos experiencia y podíamos alcanzar los puntos de amarre desde el barco con la ayuda del bichero, por lo que la organización resultó mucho más sencilla. Mike avisaba cuando veía una esclusa, cada uno se colocaba en su sitio y en pocos minutos estábamos preparados. Lo que tampoco esperábamos era que muchas esclusas estuvieran en entornos tan bonitos y cuidados. Algunas están rodeadas de jardines y conservan las antiguas casas de los escluseros restauradas. En la ruta de Aquitania incluso encontramos varias convertidas en pequeños cafés, perfectos para hacer una parada durante la navegación.
7. Lo bien que se lo pasaron las niñas a bordo
Una de nuestras dudas era si las niñas se aburrirían durante las horas de navegación. En nuestro primer crucero, África tenía siete años y Zoe tres, y pensábamos que tendríamos que estar organizando actividades constantemente para mantenerlas entretenidas.
Antes del viaje, cada una preparó una mochila con sus juguetes favoritos: piezas de Lego, Barbies y otras cosas con las que sabíamos que podían jugar durante bastante tiempo. También llevamos material para dibujar y varios juegos de viaje para usar dentro del barco o en la mesa de la cubierta.
Al final encontraron solas su propia rutina. Dibujaban, jugaban juntas, inventaban historias con sus muñecos y sacábamos algún juego de mesa después de amarrar. También tuvieron un rato de pantalla prácticamente todos los días, especialmente durante los tramos más largos o cuando necesitábamos que estuvieran tranquilas al pasar una esclusa, pero no fue su principal entretenimiento.
En Alsacia, con nueve y cinco años, disfrutaron todavía más. Ya entendían mejor cómo funcionaban las esclusas, los túneles y el plano inclinado, y podían participar un poco más en la vida a bordo. Además, combinamos la navegación con paseos en bicicleta, visitas a pueblos y baños en los lagos durante los días de más calor.
Lo que más nos sorprendió fue que no necesitaban que estuviéramos pendientes de entretenerlas todo el tiempo. Como podían moverse, jugar, comer o descansar mientras navegábamos, se apañaban bastante bien entre ellas. De hecho, algunos días no querían ni bajar del barco.
8. Que los mosquitos no fueran un problema
Cuando compartimos el viaje en redes sociales, recibimos muchísimos comentarios sobre los mosquitos. Algunas personas daban por hecho que, al navegar y dormir junto al agua, pasaríamos el día completamente acribillados e incluso descartaban este tipo de viaje por ese motivo.
Evidentemente, si haces un viaje rodeado de agua y naturaleza, vas a encontrar insectos. Hay mosquitos, arañas y otros bichos, igual que en cualquier alojamiento rural o zona de campo. Sin embargo, los mosquitos no fueron un problema en ninguno de nuestros dos cruceros.
En Aquitania utilizábamos repelente por la mañana y al atardecer, pero no recuerdo que ninguno acabara especialmente molesto por las picaduras. En Alsacia apenas usamos repelente y, aunque sí tuvimos alguna picadura, a mí me pican bastante más los mosquitos cuando estoy sentada en la terraza de casa en Málaga.
Los dos viajes fueron en junio, pero en condiciones muy diferentes. Llegamos a Aquitania después de una época de lluvias intensas, mientras que en Alsacia nos pilló en plena ola de calor. Por supuesto, recomendamos llevar repelente y estar preparados, pero basándonos en nuestra experiencia no descartaríamos un crucero fluvial por miedo a los mosquitos.
9. Lo útiles que fueron las bicicletas
Alquilar bicicletas puede parecer simplemente un extra más del barco, pero para nosotros acabaron siendo imprescindibles en las dos rutas. Los canales cuentan con caminos de sirga que permiten recorrer muchos tramos junto al agua y llegar con facilidad a pueblos y otros lugares cercanos.
En Alsacia, Mike salía al amanecer y pedaleaba durante varias horas antes de empezar la navegación. Algunos días seguía el camino paralelo al canal y otros se desviaba para conocer pueblos y lugares que quedaban algo más alejados. Al terminar el viaje había recorrido más de 150 kilómetros en bicicleta.
En familia las utilizábamos de otra manera. Por las tardes, después de varias horas en el barco, nos venían genial para estirar las piernas, acercarnos a algún pueblo, buscar un parque infantil o parar a tomar algo. En Aquitania también nos permitieron llegar hasta un lago para bañarnos que habría quedado demasiado lejos para ir andando desde el canal.
Además de ampliar bastante lo que puedes visitar desde cada amarre, las bicicletas compensan las horas de navegación con un poco de actividad. Para nosotros son uno de esos extras que aparecen como opcionales al reservar, pero que volveríamos a añadir sin ninguna duda.
10. Que quisiéramos repetir nada más terminar
Cuando hicimos el primer crucero por Aquitania no sabíamos si sería uno de esos viajes originales que disfrutas una vez o si realmente nos gustaría repetir. La respuesta la tuvimos bastante clara antes incluso de devolver el barco: queríamos conocer otra ruta.
Por eso elegimos Alsacia y Lorena para nuestro segundo crucero con Danfluvial. No queríamos hacer exactamente el mismo viaje, sino comprobar cómo cambiaba la experiencia en otra zona de Francia. Y fue bastante diferente. En Aquitania encontramos pequeños pueblos, naturaleza y tramos en los que estuvimos prácticamente solos. En la segunda ruta atravesamos túneles, pasamos por el plano inclinado de Arzviller, navegamos entre lagos y llegamos en barco hasta el centro de Saverne.
Lo que no cambió fue la sensación de libertad, el tiempo que pasamos juntos y lo cómodo que resulta llevar el alojamiento contigo durante todo el recorrido. Repetir también nos permitió subir al barco con mucha más tranquilidad: ya sabíamos cómo navegar, cómo organizarnos en las esclusas y qué necesitábamos llevar.
Después de dos rutas diferentes, el turismo fluvial sigue siendo uno de los viajes en familia que más nos ha sorprendido. Y todavía tenemos muchas zonas de Europa que nos gustaría conocer navegando.
¿Te animas a viajar en barco por Francia?
Después de dos rutas, tenemos claro que un crucero fluvial no se parece demasiado a ningún otro viaje que hayamos hecho en familia. No todo es perfecto ni se trata de unas vacaciones en las que no tengas que hacer nada: hay que conducir, amarrar, pasar esclusas y organizar cada jornada. Pero precisamente eso es lo que hace que la experiencia sea tan diferente.
Nosotros hemos realizado los dos viajes con Danfluvial. En el primero nos ayudaron a elegir Aquitania y un barco adecuado para nuestra familia cuando todavía no sabíamos prácticamente nada sobre turismo fluvial. La experiencia nos gustó tanto que repetimos con ellos para navegar por Alsacia y Lorena.
Sigue preparando tu crucero fluvial
Si este artículo te ha ayudado a organizar tu primer crucero fluvial, aquí tienes el resto de guías basadas en nuestras dos experiencias navegando por Francia:
- ¿Es difícil conducir un barco sin licencia? Descubre cómo fue nuestra primera experiencia al timón, qué maniobras nos daban más respeto y por qué al cabo de unas horas ya navegábamos con total tranquilidad.
- Cómo pasar una esclusa en barco por primera vez. Te explicamos paso a paso cómo afrontar una esclusa, cómo nos organizábamos en cada maniobra y los errores que conviene evitar.
- ¿Cuánto cuesta un crucero fluvial? Analizamos todos los gastos reales de nuestros viajes para que puedas calcular un presupuesto sin sorpresas.
- Ruta de crucero fluvial por Aquitania. El itinerario completo de nuestro primer viaje, con etapas, pueblos y consejos para recorrer una de las rutas más recomendables para principiantes.
- Ruta de crucero fluvial por Alsacia. Nuestra segunda experiencia navegando por el Canal de la Marne al Rin, con Saverne, el plano inclinado de Arzviller y los cambios que hicimos durante la ola de calor.
- Las cosas que más nos sorprendieron de viajar en barco. Todo aquello que no esperábamos antes de nuestro primer crucero y que descubrimos una vez estábamos navegando.
En cada artículo contamos lo que aprendimos durante los dos viajes, los errores que evitaríamos y las diferencias que encontramos entre ambas rutas. Así puedes decidir si esta forma de viajar encaja contigo y preparar el crucero sabiendo realmente lo que vas a encontrar al subir al barco.
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