Ruta de crucero fluvial por Aquitania: itinerario completo

Si estás pensando en hacer un crucero fluvial por Aquitania, aquí te contamos la ruta que hicimos nosotros navegando por el sur de Francia durante seis días. Fue nuestro primer viaje de turismo fluvial en familia y, aunque al principio nos imponía bastante la idea de llevar un barco sin licencia, acabó siendo una de las formas de viajar que más hemos disfrutado.

La ruta comienza en Le Mas-d’Agenais y combina el Canal de Garonne con el río Baïse hasta llegar a Nérac, el pueblo que más nos gustó de todo el recorrido. Por el camino pasamos esclusas, recorrimos pueblos medievales en bicicleta, nos dimos un baño en el lago de Damazan y descubrimos lo fácil que resulta viajar sin horarios, decidiendo cada día dónde parar y dónde pasar la noche.

Nerac

En este artículo encontrarás el itinerario completo de nuestro crucero fluvial por Aquitania, día a día, con las paradas que hicimos, dónde amarramos el barco, qué pueblos merecen más la pena y los consejos que nos habría gustado conocer antes de empezar.

Si además quieres saber cómo funciona un crucero fluvial, cuánto cuesta, si hace falta licencia o si merece la pena viajar con niños, puedes completar la lectura con nuestra guía sobre turismo fluvial, donde respondemos a todas esas dudas.

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Sobre la ruta

Nuestro crucero comenzó y terminó en Le Mas-d’Agenais, una de las bases de Le Boat situada en el Canal de Garonne, a poco más de una hora de Burdeos. Durante seis días navegamos por dos vías muy diferentes: primero por el Canal de Garonne y después por el río Baïse, hasta llegar a Nérac antes de regresar por el mismo recorrido.

Fue nuestro primer crucero fluvial y, después de haber navegado también por Alsacia, seguimos pensando que Aquitania es una de las mejores rutas para empezar. La navegación es sencilla, las jornadas no son demasiado largas y los pueblos están lo bastante cerca como para poder disfrutar del viaje sin pasar todo el día al timón.

Lo que más nos gustó de esta ruta es que cambia constantemente. En pocas horas pasas de navegar por un canal completamente rodeado de árboles a hacerlo por el río Baïse, atraviesas pequeñas esclusas, cruzas un acueducto sobre el río y puedes dormir tanto en puertos como completamente solos en plena naturaleza.

Mapa de nuestra ruta

Itinerario de Crucero Fluvial por Aquitania

Día 1: recogemos el barco y empezamos a navegar

Después de pasar el fin de semana en Burdeos, el lunes pusimos rumbo a Le Mas-d’Agenais, donde se encuentra la base de Le Boat. El trayecto en coche dura aproximadamente una hora y cuarto y allí mismo dejamos el coche aparcado hasta el final del viaje.

Como era nuestro primer crucero fluvial, la mayor parte de la tarde se fue entre el check-in, la explicación práctica sobre el funcionamiento del barco, hacer la compra, guardar el equipaje y familiarizarnos con nuestra casa flotante para los siguientes seis días. Cuando por fin soltamos amarras ya no quedaban muchas horas de luz, pero tampoco nos preocupaba. Desde que viajamos con las niñas hemos aprendido que merece mucho más la pena plantearse etapas cortas y disfrutar del camino que intentar llegar lo más lejos posible cada día.

Lucía en la proa de nuestro barco fluvial

Así que esa primera tarde navegamos apenas un par de horas. Fue el tiempo perfecto para perder el miedo al timón, acostumbrarnos a las dimensiones del barco y empezar a disfrutar de la tranquilidad del canal sin ninguna presión. Mirando atrás, creemos que fue una de las mejores decisiones del viaje: comenzar despacio nos permitió ganar confianza antes de afrontar las primeras esclusas al día siguiente.

Encontramos un sitio tranquilo junto al canal que nos gustó para pasar la noche, clavamos las piquetas para amarrar y salimos a dar un paseo por el carril bici que discurre paralelo al canal.

Nuestro barco fluvial amarrado en plena naturaleza en el canal en Aquitania

El resto de la tarde fue exactamente lo que buscábamos en este viaje: las niñas jugando en la cubierta, nosotros sin mirar el reloj, cena en el barco y una copa de vino cuando ya no se oía absolutamente nada alrededor. Dormimos en mitad de la naturaleza y con una tranquilidad que cuesta encontrar viajando de otra forma.

Aquella primera tarde también nos sirvió para confirmar que habíamos acertado no intentando llegar más lejos. Habíamos venido a navegar sin prisas, y ese iba a ser el ritmo de todo el viaje.

Día 2: el canal, un lago y nuestra primera noche en Vianne

Nos despertamos tranquilamente porque las esclusas no empiezan a funcionar hasta las nueve de la mañana. Justo habíamos pasado la noche antes de una de ellas, así que después del café llegó el momento que más respeto nos daba del viaje: pasar nuestra primera esclusa solos.

La verdad es que parecen mucho más complicadas de lo que luego son. Después de esa primera maniobra ya vimos que, con un poco de calma, no tenían ningún misterio. De hecho, al final del viaje hasta nos gustaba pasar esclusas.

Seguimos navegando por el Canal de Garonne hasta Damazan, donde hicimos una parada para ir al Lac du Moulineau. Desde el puerto se puede llegar andando, pero nosotros aprovechamos las bicicletas del barco y en menos de diez minutos estábamos allí.

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Nos sorprendió muchísimo el lago. Además de la zona de baño, tiene un parque acuático flotante y un cable para practicar wakeboard. Mike tenía la espalda regular y yo seguía con la rodilla fastidiada, así que nos conformamos con unas cervezas bien frías en la terraza mientras las niñas disfrutaban del baño.

Después de refrescarnos volvimos al barco y continuamos navegando hasta Buzet-sur-Baïse, el punto donde dejamos el canal para entrar en el río Baïse.

Aquí encontramos una curiosa esclusa doble y una esclusera muy simpática que nos explicó cómo funcionaban las esclusas del río. Hasta ese momento las del canal se activaban simplemente pulsando un botón, pero a partir de aquí nos entregó una llave que tendríamos que utilizar nosotros mismos en las siguientes esclusas.

Otra cosa que nos hizo mucha gracia fue descubrir que en casi todas las esclusas había gente esperando para ver pasar los barcos. Mientras nosotros intentábamos hacerlo lo mejor posible como auténticos novatos, ellos hacían fotos y vídeos desde la orilla.

Terminamos el día en Vianne, un pequeño pueblo amurallado que nos encantó por lo tranquilo que era. Paseamos un rato por sus calles y decidimos pasar allí la noche. El amarre es gratuito y nos pareció un sitio perfecto para terminar el segundo día de navegación.

Como la tarde anterior, las niñas acabaron jugando en la cubierta mientras nosotros preparábamos la cena. Esa noche ya hacíamos todo casi sin pensar. Atracar, preparar la cena, sacar las sillas a cubierta y ver a las niñas jugar mientras anochecía empezaba a convertirse en nuestra rutina.

Día 3: llegamos a Nérac, nuestro pueblo favorito de la ruta

Después del desayuno seguimos navegando por el río hasta Lavardac. Es un pueblo algo más grande que Vianne y, aunque a nosotros nos pareció menos bonito, tiene bastante ambiente. Justo coincidimos con el mercado semanal, así que dimos un paseo por el centro y aprovechamos para tomar algo fresco antes de volver al barco.

Aquí también se puede pasar la noche con el barco de forma gratuita, pero nosotros teníamos claro que queríamos llegar a Nérac, una de las paradas más recomendadas de toda la ruta.

La llegada a Nérac es uno de esos momentos que todavía recordamos del viaje. Navegas río arriba hasta llegar a la esclusa y, desde abajo, prácticamente no ves el pueblo. Poco a poco el agua va llenando la esclusa, el barco empieza a subir y, conforme ganas altura, Nérac va apareciendo delante de ti. Es una llegada preciosa.

De todos los pueblos que visitamos durante esta ruta, Nérac fue nuestro favorito.

Nerac por la noche

Como hacía bastante calor, decidimos conectarnos a los servicios del puerto. Por unos 10 € tuvimos electricidad para poner un rato el aire acondicionado y agua para rellenar el depósito del barco y refrescar un poco a las niñas.

o en el puerto de Nerac

Después dedicamos la tarde a recorrer el pueblo con calma. Nérac está dividido en dos zonas. Una de ellas, conocida como el «Pequeño Nérac», conserva un ambiente todavía más tranquilo, mientras que la otra concentra algo más de actividad y tráfico, aunque sigue teniendo ese aire de pueblo que tanto nos gustó.

Ese día además tuvimos una ventaja extra: viajábamos con mi hermana Pati. Mientras ella se quedaba con las niñas jugando en la cubierta del barco, Mike y yo aprovechamos para escaparnos un rato a tomar una cerveza en un bar muy original que encontramos por el centro. Gracias, Pati. Si lees esto, ya sabes que puedes venirte a los próximos cruceros fluviales.

Nerac, Aquitania

Por la noche cenamos en Le Vert Galant, uno de los restaurantes que hay junto al puerto. Fue la única comida que hicimos fuera del barco durante todo el viaje. Tener cocina a bordo hace que cocinar sea mucho más cómodo y también bastante más económico, pero nos apetecía darnos un capricho.

El restaurante nos gustó mucho. Lo más curioso es que su carta incluye más de 80 sabores de helado, incluso para acompañar algunos platos principales. Una forma muy original de terminar el día en el que, para nosotros, fue el pueblo más bonito de toda la ruta.

Día 4: nos despedimos de Nérac y empezamos el camino de vuelta

Nos despertamos en Nérac con una lluvia muy suave. Recuerdo perfectamente ese café en la cubierta del barco mientras las niñas seguían durmiendo. Teníamos el toldo puesto, así que no nos mojábamos, y el pueblo todavía estaba completamente tranquilo.

Son de esos momentos que no sabes muy bien por qué se te quedan grabados. El olor a lluvia de verano, el silencio y la sensación de no tener ninguna prisa hicieron que aquel desayuno fuera uno de los recuerdos más bonitos de todo el viaje.

Crucera fluvial en Aquitania

La verdad es que nos daba pena irnos. Nérac había sido el pueblo que más nos había gustado de toda la ruta, pero ya habíamos llegado al final del recorrido y tocaba emprender el camino de vuelta.

Al salir volvimos a pasar por la esclusa, esta vez para bajar el nivel del agua. El día anterior habíamos visto cómo el pueblo aparecía poco a poco delante de nosotros mientras el barco subía. Ahora ocurría justo al contrario: conforme descendíamos, Nérac iba desapareciendo poco a poco a nuestra espalda.

Ese día decidimos hacer una etapa de navegación más larga para volver a cruzar la esclusa doble y dejar atrás el río Baïse para regresar al Canal de Garonne. Como las esclusas cierran por la tarde, queríamos llegar con tiempo suficiente para pasar sin prisas.

Aun así, nos dio tiempo a continuar un poco más por el canal para llegar hasta uno de los puntos que Mike tenía muchas ganas de ver: el puente por el que el canal pasa por encima del río.

Canal pasando por encima el rio

Dormimos allí mismo, en mitad del canal y, otra vez, completamente solos.

Como todavía quedaban varias horas de luz, salimos a dar un paseo antes de cenar. Después repetimos una rutina que ya empezaba a formar parte del viaje: cena en el barco, juegos de mesa en la cubierta, algún baile improvisado de las niñas y una copa de vino antes de irnos a dormir.

Salida en bici por el canal

Íbamos sin prisas y, aun así, al final de cada día acabábamos reventados. Como diría mi madre, estábamos «rilados».

Día 5: un último día navegando sin prisas

El último día de navegación nos lo tomamos con muchísima calma. Sabíamos que era nuestra última noche en el barco y queríamos aprovechar cada momento.

Mi hermana se bajó varias veces con la bicicleta para recorrer el carril bici que acompaña al Canal de Garonne. Estoy segura de que a Mike también le habría encantado hacerlo, pero siendo el patrón del barco le tocó quedarse al timón. Yo, sinceramente, todavía no me fiaba lo suficiente como para dejarme sola navegando.

Lucia en la proa del barco fluvial acercando un puente

Como no teníamos prisa por llegar, fuimos parando en todos esos sitios que nos llamaban la atención: un pequeño parque infantil para que las niñas jugaran un rato, una terraza junto a una esclusa donde nos tomamos un crêpe y una ensalada —no nos podíamos ir de Francia sin comer un crêpe— y algún bar más al lado del canal.

Por la tarde llegamos de nuevo a Le Mas-d’Agenais, donde se encuentra la base de Le Boat. Como al día siguiente teníamos que devolver el barco a primera hora de la mañana, decidimos pasar la última noche muy cerca. En lugar de dormir en el puerto, cruzamos la esclusa y amarramos en el canal.

El puerto era tranquilo, pero había varios barcos pasando allí la noche porque, igual que nosotros, los devolvían al día siguiente. Preferimos dormir solos una última vez y disfrutar de la tranquilidad del canal.Y menos mal. Cuando ya nos íbamos a acostar, a Zoe le dio por protestar porque no quería dormir. Si hubiéramos estado amarrados junto al resto de barcos, estoy convencida de que habría despertado a medio puerto.

Día 6: devolvemos el barco

Llegó el momento que menos nos apetecía del viaje: devolver el barco.

Después del último desayuno a bordo, recogimos nuestras cosas, pasamos la última esclusa y regresamos a la base de Le Mas-d’Agenais, donde entregamos la embarcación.

Como nuestro vuelo salía a última hora de la tarde, todavía teníamos tiempo para seguir descubriendo la zona en coche. Aprovechamos para visitar Le Mas-d’Agenais, que el primer día apenas habíamos visto, y después hicimos una parada en Saint-Macaire, un pueblo que nos había recomendado Jamie, el chico de Le Boat que nos explicó el funcionamiento del barco cuando lo recogimos.

Fue un acierto. Está muy cerca de Burdeos, tiene un casco histórico precioso y, a diferencia de otros pueblos de la zona, nos pareció muy tranquilo. Comimos allí antes de continuar el viaje hacia el aeropuerto. De camino todavía hicimos una última parada en el castillo de Langoiran. Teníamos ganas de visitar algún castillo antes de volver a casa y, aunque la atención que recibimos no fue precisamente la mejor, nos gustó conocerlo. Si tienes tiempo antes de coger el vuelo, puede ser una visita interesante para completar el viaje.

Nuestra opinión sobre esta ruta por Aquitania

Si tuviéramos que recomendar un primer crucero fluvial en Francia, probablemente empezaríamos por Aquitania.

Nos pareció una ruta muy tranquila, con una navegación sencilla y pueblos con mucho encanto como Vianne o, sobre todo, Nérac. Además, combina muy bien los tramos por el Canal de Garonne con la navegación por el río Baïse, que le da un punto diferente al recorrido.

Navigando por el canal durante un crucero fluvial por aquitania

Al viajar con las niñas también agradecimos que hubiera tiempo para disfrutar del propio barco. Muchas de las mejores horas del viaje no fueron visitando monumentos, sino desayunando en la cubierta, dando un paseo en bici junto al canal o viendo cómo las peques jugaban mientras nosotros simplemente desconectábamos.

Si buscas un viaje tranquilo, diferente y sin prisas, esta ruta nos parece una opción fantástica para descubrir el turismo fluvial por primera vez.

Si finalmente te animas, nosotros reservamos nuestros dos cruceros fluviales en Francia con Danfluvial, que además de ayudarnos a elegir la ruta, resolvieron todas las dudas que teníamos antes de viajar por primera vez.

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Sigue preparando tu crucero fluvial

Si este artículo te ha ayudado a organizar tu primer crucero fluvial, aquí tienes el resto de guías basadas en nuestras dos experiencias navegando por Francia:

Preguntas frecuentes (FAQ)

¿Cuántos días se necesitan para recorrer esta ruta por Aquitania?

Nosotros hicimos la ruta en 6 días y 5 noches, saliendo y regresando a Le Mas-d’Agenais. Nos pareció tiempo suficiente para navegar sin prisas, visitar los pueblos principales y disfrutar de paradas improvisadas durante el recorrido.

¿Desde dónde comienza esta ruta de crucero fluvial?

La ruta comienza en la base de Le Boat de Le Mas-d’Agenais, a poco más de una hora en coche de Burdeos. Nosotros volamos a Burdeos y pasamos allí el fin de semana antes de recoger el barco.

¿Qué pueblos visitamos durante la ruta?

Durante el crucero paramos en Damazan, Vianne, Lavardac y Nérac, además de hacer varias paradas junto al canal y en el lago de Damazan. De todos ellos, Nérac fue nuestro favorito.

¿Dónde dormimos cada noche?

La primera, cuarta y quinta noche dormimos amarrados en plena naturaleza junto al canal. La segunda noche la pasamos en el puerto de Vianne y la tercera en el puerto de Nérac.

¿Recomendamos esta ruta para un primer crucero fluvial?

Sí. Para nosotros fue nuestro primer crucero fluvial y nos pareció una ruta muy completa. Combina canal y río, permite visitar varios pueblos con encanto y las jornadas de navegación son muy tranquilas.

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